No se paga, se disfruta.
Las cosas mas plancenteras de la vida, no tienen precio, y son gratis, basta con sentarse a la orilla del mar, cerrar los ojos, y dejar que la imaginación y la mente se relajen con el sonido, los olores y la briza rosando la piel, sensación que transporta nuestro ser a mundo lejanos, separando lo físico de lo espiritual.

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