A mi madre que aún vive
A mi madre, a la viejecita que en su juventud me amo y
cuido con esmero, para hacer de mi un hombre de bien, de quien sentirse
orgullosa, Ahora que lo he logrado, veo con tristeza que el tiempo que paso con
ella es muy poco, el trabajo, mi familia y mi egoísmo propio me han distanciado
de ella.
A ella le dedico este acróstico, y prometo estar más
tiempo con ella.
Muchas
noches en vela,
¡Arrodillada orabas por mí!,
¡Muy triste y llorando te vi!,
Ámanecía
y a mi lado seguías.
Te
recuerdo en los momentos tristes,
En los
alegres, simplemente no existías.
Algún día, cuando faltes me arrepentiré,
¡Me odiaré por no amarte y valorarte!,
Oiré tu
suave voz en todas partes.

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